INTRO. La evocación de la cantina Salón Palacio, donde coincidían personajes de letras como Juan Rulfo, José Revueltas y Augusto Monterroso, comparte espacio en estas páginas con un homenaje al recientemente fallecido escritor zacatecano Severino Salazar.

1. Viajes alrededor de una mesa
Entre las debilidades que acaso definen a Jorge López Páez se encuentran su gusto por la gastronomía, por los viajes, por el chisme y por la conversación, de lo cual suelen estar hechos asimismo sus libros. En las evocaciones de El solitario Atlántico, de Mi hermano Carlos, de Los cerros azules, en los cuentos de Doña Herlinda y su hijo y otros hijos (adaptada al cine por Jaime Humberto Hermosillo), en novelas como Ana Bermejo, la narración ocurre a la manera de una plática de sobremesa en la que predominan la recreación de los ambientes, los recuerdos inconclusos, la ocultación de los hechos y el comentario malicioso.

2. Invenciones de la memoria
Aunque hayan sido atroces, los hechos parecen adquirir cierto encanto por medio de la evocación, que en ocasiones se ha transformado en un principio literario como en Dublineses de James Joyce, En busca del tiempo perdido de Marcel Proust o Elsinore de Salvador Elizondo. Denostado por haber trabajado como funcionario público, Agustín Yáñez fue ante todo un escritor que concibió obras que no sólo representan un hallazgo significativo en los manuales de literatura, sino que su lectura sigue deparando asombros. Hace un par de años, El Colegio de Jalisco y la editorial Alfaguara publicaron Imágenes y evocaciones, en el cual sus recuerdos de Guadalajara se convirtieron en un relato entrañable, y Yahualica y el paisaje de Jalisco se mostraban como una evocación perenne.
Agustín Yáñez, Imágenes y evocaciones. México, El Colegio de Jalisco, Alfaguara, 2003. 368 pp.

3. Una imaginación libertaria
Aunque practica obsesivamente un rigor implacable, que con frecuencia lo lleva a proferir opiniones intempestivas e impertinencias demoledoras, José de la Colina ejerce una libertad natural, que ha devenido en una escritura irrepetible, la cual prescinde de las reglas para hallar un género propio que puede parecer a veces un cuento, a veces un ensayo, a veces un comentario, a veces un recuerdo.
José de la Colina, Zig Zag. México, Editorial Aldus, 2005. 214 pp.

4. Textos clandestinos
Un libro puede parecer secreto por representar un hallazgo íntimo, por estar prohibido o por considerarse sospechoso. Algo de ello define a los libros publicados por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana en la colección Textos Clandestinos. Se trata menos de rarezas bibliográficas que de escritos peculiares, cuya lectura adquiere la forma de una revelación no por el descubrimiento que importan, sino porque esos libros supuestamente marginales como La flama de José Vasconcelos, Con el yugo en la espalda de Antonio Estrada, México sinarquista en 1960 de Alfonso Trueba o México falsificado de Carlos Pereyra permiten atisbar esa historia soterrada que con frecuencia resulta más fascinante y relevante que aquella que se pretende trascendental.

5. Noticia luctuosa
Suele creerse que, como decía Nietzsche, “se debe escribir con sangre”, que la página en blanco produce angustia y que en el origen de la literatura se halla la desdicha. Sin embargo, para Severino Salazar la escritura, como la lectura, representaba un juego placentero. Desde Donde deben estar las catedrales, demostró su gusto por la narración y por contar asombros que acaso se repetían en Gales y en Zacatecas. En ocasiones, sus relatos adquirían un sentido atávico como en Las aguas derramadas, en ocasiones adoptaban la forma de una iniciación inocente como en Pájaro vuelve a tu jaula, en ocasiones se trataba de historias irónicamente crueles como Tres noveletas de amor imposible o Cuentos de Navidad, pero en ellos predominaban el humor cortés y el gozo afable que distinguían asimismo a Severino Salazar en la cantina, en sus clases en la Universidad Autónoma Metropolitana, en los encuentros circunstanciales. La madrugada del 7 de agosto, en la Ciudad de México, murió Severino Salazar a los 58 años de edad.

6. Lecturas conversadas
Durante muchos años, en el Salón Palacio, la cantina cercana a las redacciones de los periódicos El Nacional y La Afición, luego transformada en la de Milenio, donde Ricardo Salazar tomó, entre otras fotografías memorables, aquella en la que Juan Rulfo está bebiendo con José Revueltas y Augusto Monterroso, fue común encontrarse a Jorge López Páez acompañando un tequila o un vodka con la lectura de algún volumen de la Loeb Classical Library mientras esperaba la llegada de uno de los habituales al lugar como Juan José Reyes, Ignacio Trejo Fuentes, Luis Ignacio Helguera, José de la Colina o El Ciudadano, Salvador Camelo. Aunque su conversación no prescinde de referencias a películas, pintores y libros, desdeña la erudición presuntuosa y, como en una plática, López Páez, que actualmente relee a Gibbon y que recuerda Miguel Strogoff de Julio Verne como la primera novela que leyó, recomienda las siguientes obras:
En busca del tiempo perdido de Marcel Proust
La guerra y la paz de Lev Tolstoi
Moby Dick de Herman Melville
La verdadera historia de la conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo
“Mi última novela”: Mi padre el general

7. …Y verborrea…
Hay palabras, se sabe, que pueden significar muchas cosas, incluso contrarias, dependiendo de la intención, las circunstancias o el lugar en que se digan. Una expresión inocua en una geografía puede suponer una afrenta en otra. Un ejemplo frecuente lo representa el dulce de leche que en México llamamos “cajeta”, que también puede aludir a un hecho ocasionalmente afortunado, y que en Argentina se refiere a otro placer que poseen las mujeres. Esos equívocos abundan y devienen por momentos en una comedia de enredos. Lo que en México es un policía, “cuico”, en Chile es un niñito cursi de familia, cuyo equivalente femenino, en España, es una “pija”, lo cual en México puede significar el complemento de la “cajeta” argentina, pues a esas niñitas pretenciosas se les conoce como “pollas”, que en España quiere decir lo mismo que en México “pija”… Por eso, no resulta extraño que algunos españoles se rían ante los puestos callejeros de esa bebida hecha de Jerez y huevo que es “la polla” y ante ese anuncio que aseguraba que “la polla más polla es la polla Tres Coronas…”.

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