Feb
12
El arte de Rapi Diego –hijo del poeta Eliseo Diego–, quien lo mismo ilustra versos que escribe cuentos, desfila en estas páginas junto al universo infantil de Hans Christian Andersen y los hermanos Grimm.
Un fabulador
Un hombre puede parecer una ficción, obrar asombros y prodigar invenciones; Rapi Diego es uno de ellos. En el estudio de su casa en El Vedado, en un departamento oculto en la colonia Juárez, en Mixcoac, suele dibujar pacientemente ilustraciones para libros como Soñar despierto de su padre, Eliseo Diego, idear animaciones para Mascaró, una película en la que imaginó una narración cinematográfica peculiar, escribir cuentos para niños como “El sapo hechizado”, leer acuciosamente descubriendo autores insólitos como Bohumil Hrabal, Amos Tutuola, Per Landgerqvist, Karel Capek, hablar de esas lecturas, hacer de la conversación una felicidad, una incitación y una amistad; y del recuerdo, una complicidad. •
La revelación
de la palabra
La historia de la escritura sagrada resulta misteriosa y acaso sea una conjetura que no prescinde de apócrifos, exégesis y herejías. El padre Joaquín Antonio Peñalosa, de cuyo sentido literario, no exento de humor, han quedado poemarios como Ejercicios para las bestezuelas de Dios, Canciones para entretener la Nochebuena o Museo de cera, ideó un libro en el que algunos textos fundamentales fueron escritos por los huérfanos del Hogar del Niño de San Luis Potosí: El Evangelio según los niños. Esas versiones de los capítulos imprescindibles de la vida de Jesús abundan en hallazgos verbales y religiosos, y agregan una explicación a la divinidad.
Joaquín Antonio Peñalosa, El Evangelio según los niños. Ilustraciones Felipe Ugalde. México, Jus, 2003. 146 pp. •
Crónica de una invasión animal
Jorge Luis Borges creía que “podemos conocer a los antiguos, podemos conocer a los clásicos, podemos conocer a los escritores del siglo xix
y a los del principio del nuestro, que ya declina. Harto más arduo es conocer a los contemporáneos. Son demasiados y el tiempo no ha revelado aún su antología. Hay, sin embargo, nombres que las generaciones venideras no se resignarán a olvidar. Uno de ellos, verosímilmente, el de Dino Buzzati”. Entre los libros que creó, hay uno que escribió y dibujó para niños: La famosa invasión de Sicilia por los osos, en el que, como suele suceder en sus relatos, la imaginación conduce al descubrimiento de las fabulaciones que comprende la simplicidad.
Dino Buzzati, La famosa invasión de Sicilia por los osos. Madrid, Ediciones Alfaguara, 1981. 109 pp. •
La Proveedora
El asombro también se funda en el universo cotidiano, por lo que puede alimentarlo una pelota, una moneda o el céfiro. Uno de los lugares que lo renuevan, se sabe, es Oaxaca, donde las cosas simples se descubren como un prodigio; uno de ellos tiene la forma de una librería: La Proveedora Escolar en la esquina de Reforma e Independencia. Una tradición parece sugerir que una papelería se suceda en una librería como ha ocurrido en ese local tradicional de Oaxaca, en el cual puede encontrarse desde un lápiz hasta papeles finísimos. También en la librería crece la curiosidad, pues hay en ella recintos donde no faltan los libros de leyes y jurisprudencia, en los que aparece cualquier libro de medicina o de ciencias naturales, en los que aguarda el libro de literatura deseado, sin que ese laberinto de estantes carezca de un refugio infantil hecho asimismo de papel. •
Literatura incipiente
Suele creerse que los libros para niños deben ser pueriles. A pesar de que escritores como Hans Christian Andersen, los hermanos Grimm, Janosch o Roal Dahl han demostrado que no se trata de relatos ramplones, sino de una manera peculiar de narrar, en ocasiones rayana en la popular, parece que se le desdeña con cierta complacencia. Quizá por eso, las editoriales mexicanas se habían desentendido de ese género hasta hace poco, cuando la de Conaculta y el Fondo de Cultura Económica crearon colecciones dedicadas a él, en las cuales se publican autores diversos como Francisco Hinojosa, Luis Ignacio Helguera, Rapi Diego, Mónica B. Brozon o José Gabilondo Soler, Cri Cri •
Libros insólitos
Una de las formas naturales que Rapi Diego posee para asombrar, se funda en sus lecturas, que, sin prescindir de Quevedo, Cervantes o Dickens, le descubren escritores raros en curiosas ediciones populares. Recuerda que el primer libro que leyó fue Los miserables de Victor Hugo, el cual lo hizo llorar dos días, hasta que su tío, Agustín Pi, lo consoló asegurándole que aquella historia no volvería
a suceder. Sobreponiéndose a la impertinencia, se le ocurre recomendar:
•La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson
•Amos Tutuola
•Joseph Roth
•Las cenizas de Angela de Frank McCourt
•Terry Prachett •
… y verborrea
La búsqueda de la ofensa precisa ya aparece en la infancia, que suele conformarse con la degradación de la progenie, como lo hacen los adultos, aludiendo a diversos oficios (los niños suelen refugiarse en el padre bombero que moja o el policía paterno que arresta, mientras los mayores increpan la venta de lujuria de las
madres). Sin embargo, como Quevedo, como Shakespeare, el diccionario puede ofrecer insultos inquietantes; uno de ellos es el de prosópago, que la uteha define como “monstruo fetal que tiene un gemelo parásito deforme adherido a la cara”.

